lunes 16 de enero de 2012

Consideraciones sobre las ganancias de Metrovias S.A.

He recibido un analisis inicial de los balances contables de la empresa Metrovias S.A. durante los ultimos años realizado por Manuel Compañez, Lic en Ciencias Economicas e integrante de la Comision Directiva de la AGTSyP junto a un grupo de colaboradores

Sorprende la poca o nula inversion realizada por la empresa en mejoras, mientras gasta cifras importantes en actividades que no reportan ningun tipo de beneficio a los usuarios pero con impacto publicitario

Ganancias de Metrovías.

Estado contable enero junio 2011. Metrovías tuvo una ganancia del período de 2.046.857 de pesos.
Los subsidios para el 2011son de 66.4 millones de pesos mensuales (dónde está esta plata).
El ejercicio iniciado el 1° de enero de 2010 y finalizado el 31 de diciembre de 2010 arrojó una ganancia neta de $ 35.890.443.
El resultado operativo de Metrovías se incrementó en $ 3,1 millones en el presente ejercicio respecto del año anterior, principalmente debido a: (i) un incremento en los ingresos operativos de $ 13,7 millones equivalente al 5,88% y (ii) un aumento en los costos operativos de $ 10,6 millones equivalentes al 5,53%; dicho aumento fue motivado principalmente por los incrementos en los rubros mano de obra, alquileres, gastos de mantenimiento de activos, juicios, siniestros y sanciones y seguros, parcialmente compensados por una disminución en el rubro seguridad y vigilancia (producto de que el Estado Nacional asumió directamente el costo de la Policía Federal) y por el reconocimiento de mayores costos de explotación

El monto del subsidio mensual del Estado asciende a $ 48,2 millones.
El ejercicio iniciado el 1° de enero de 2009 y finalizado el 31 de diciembre de 2009 arrojó una ganancia de $ 103.229.214.

Esto se debe al reconocimiento, neto de impuesto a las ganancias, de los efectos retroactivos de las Resoluciones aprobadas por el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios (en adelante MPFIPyS) referidas a lo establecido en el art. 7.4.1. del Contrato de Concesión, que prevé la redeterminación de la tarifa básica, el subsidio o el canon (subsidios).

En 2009 el subsidio mensual asciende a  $ 34,7 millones.
Mientras que los resultados netos de los años anteriores son:
Diciembre 2002: $ (27,3) millones;
Diciembre 2003: $ (1,1) millones;
Diciembre 2004: $ (0,3) millones;
Diciembre 2005: $ 23,6 millones;
Diciembre 2006: $ 2,8 millones.

El Contrato de Concesión establece el procedimiento a aplicar para cuando el Estado Nacional o la Sociedad invoquen, fundadamente, un incremento o una disminución en el costo total de explotación del servicio superior al 6%. Una vez establecida la diferencia que resulte según los criterios de procedimiento fijados en dicha resolución, el Estado Nacional o Autoridad de Control resolverá si la misma ha de ser cubierta a través de la tarifa, el Canon o, en su caso, a través de otras fuentes de recursos. O sea que a un aumento de cualquier tipo de los costos de un 6% Metrovías recibe más aumento de pasajes o subsidios.
De esta forma se ve que Metrovías fue aumentando las ganancias año a año y especialmente los subsidios, llegando a 800 millones de pesos para el año pasado. Este número duplica la masa salarial de todos los trabajadores.

Distribución de Ganancias.

En 2011 se distribuyeron ganancias por la suma de $ 149.492.010, destinando para tal fin la totalidad de los resultados acumulados de $ 35.890.443 y la reserva facultativa de $ 113.601.567 generada el año anterior con los subsidios obtenidos.

Si Metrovías tiene semejantes ganancias que reparte en un par de familias, ¿se deberá a las inversiones que realiza.

Inversiones propias de Metrovías

1-    Programa de Acción Cultural “Subte Vive”.
2-    Ciclo de esculturas.
3-    Ciclo de lectura de poemas.
4-    Otro Ciclo de lectura de poemas.
5-    Apoyo al BAFICI.
6-    Proyecto teatral popular.
7-    Donación de libros.
8-    Festival de Jazz.
9-    Concurso de Relatos.
10-  Concurso de fotografía.
11-  Diferentes performances artísticas.
12-  Producción multimedia “Combinaciones” que consistió en 10 historias de 5 a 7 minutos.
13-  Se realizó una campaña para conmemorar los 200 años de nuestra patria.
14-  Campaña de prevención del dengue.
15-  Una obra de títeres.
16-  Programa de reciclado de llaves, de papel y tapitas.
17-  Canje por parte de los pasajeros de útiles escolares a cambio de dos viajes en Subte.
18-  Recolección de alimentos.
19-  Donación de espacio institucional en SubTV: en favor de Cáritas.

Metrovías ¿ realizó alguna inversión de más de cinco pesos o vinculada al transporte subterráneo?

Inversiones del Estado.

De conformidad con el Contrato de Concesión y la Addenda, la Sociedad tiene a su cargo la ejecución, por cuenta y orden del Estado Nacional, de un Programa de Inversiones a ser completadas durante el plazo de la Concesión que ascienden aproximadamente a los $/ US$ 1.695 millones, de los cuales aproximadamente $/US$ 1.467 millones son destinados a la Red de Subterráneos y el resto a la Línea Urquiza (estos montos han sido establecidos durante la convertibilidad).

ADQUISICIÓN 18 COCHES

Con fecha 28 de diciembre 2009, se firmó una Adenda Complementaria al Acta Acuerdo del 13 de noviembre de 2003, entre el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, el Ministerio de Economía y Producción, ALSTOM Brasil Ltda., ALSTOM Argentina S.A. y Metrovías S.A., que prevé la provisión de dieciocho (18) coches adicionales con más un (1) coche adicional Tipo M en concepto de reserva operativa fijando el precio final y definitivo, el cual será pagado por el Estado Nacional. Al cierre de los presentes Estados Contables, los plazos de la obra están en proceso de reprogramación dado que el avance de la misma se encuentra supeditado a la disponibilidad de fondos del Estado Nacional.

PRINCIPALES OBRAS COMPROMETIDAS CON EL ESTADO NACIONAL QUE SE ENCUENTRAN EN CURSO

·       Obras de “Renovación de Vías – Etapa III km 17+000 a 25+500 Línea Urquiza”, que comprenden la renovación de vías, pasos a nivel, paso peatonal de Parada Barrufaldi y tratamiento de desagües. Se alcanzó un grado de avance del 87,10%. El tramo faltante está paralizado por falta de aprobación de las redeterminaciones de precios.

·       Trabajos correspondientes a la obra “Túnel de Acceso al Nuevo Taller Central – Etapa Obra Civil”. El grado de avance es del 99,08%. La obra tiene pendiente subsanar algunas terminaciones menores y verificaciones dimensionales, previas a su recepción provisoria. Se espera para ello acordar con el Estado la redeterminación de precios.
·       Obra de “Renovación de Vías Etapa II Ferrocarril General Urquiza – Obra faltante – complemento”. El grado de avance es del 46,15%. El tramo faltante se encuentra paralizado desde el inicio del 2008 por falta de reconocimiento de las redeterminaciones de precios.
·       Obra “Reemplazo de escaleras mecánicas (29)”, la cual consiste en la provisión, montaje y mantenimiento preventivo durante el período de garantía de escaleras mecánicas nuevas en reemplazo de escaleras mecánicas existentes. El grado de avance es del 42,65%. La obra se encuentra paralizada por falta de reconocimiento de las redeterminaciones de precios.
·       Obra “Alumbrado de emergencia en estaciones de la Línea “C”, “D”, y “E” excepto estaciones del nudo 9 de Julio”. El alcance consiste en la implantación de un sistema de iluminación de emergencia centralizado, no permanente  en las Líneas “C”, “D”, y “E”. No se han podido iniciar los trabajos por falta de reconocimiento por parte del Estado Nacional de la redeterminación de precios del Contrato.
·       Obra “Remodelación de 64 coches General Electric Españoles”. El grado de avance es del 7,37%. El ritmo de ejecución está seriamente afectado por la falta de reconocimiento de las redeterminaciones de precios.
·       Obra “Remodelación de 86 coches Siemens Schuckert”. El grado de avance es del 26,74%. El ritmo de los trabajos está afectado por la falta de reconocimiento de las redeterminaciones de precios y la demora en los pagos de la certificación básica.
·       Obra “Remodelación del Vestíbulo Norte de la Estación Catedral”. El avance de la certificación es del 41,15%.

O sea que con el dinero que el Estado destina al sistema subterráneo no se está realizando ninguna inversión, todas se encuentran demoradas o paralizadas.

Impuestos, salarios,  Seguridad e higiene en el trabajo.

Metrovías tiene deudas fiscales por 28.000.000 de pesos, muchas de las cuales en juicio con el Estado. El Estado ya ganó algunos y otros siguen en juicio.
Por otra parte Metrovías no paga las multas por seguridad e higjene.

El Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a través de la Subsecretaría de Regulación y Fiscalización impuso a la Sociedad una multa de $ 3.155.000, por supuestas infracciones a la normativa sobre higiene y seguridad. La resolución sancionatoria  no  se  encuentra  firme. Sin perjuicio de lo anterior la Sociedad considera que la multa  impuesta resulta arbitraria e infundada.

Línea H.

AUTORIZACIÓN CON CARACTER PRECARIO, PARA LA PRESTACIÓN TRANSITORIA DEL SERVICIO DE LA LÍNEA “H”.

Con fecha 18 de octubre de 2007 mediante el Decreto 1482/07 del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, le ha sido otorgada a la Sociedad con carácter precario la autorización para la prestación transitoria del servicio de subterráneo entre las estaciones Once y Caseros de la Línea “H” y las que en el futuro se construyan y se agreguen en dicha línea, a partir de la verificación y habilitación que efectúe la Comisión Nacional de Regulación del Transporte de las condiciones del servicio.


Así Metrovías ha generado sus ingresos a través de la venta de pasajes, de negocios colaterales o subsidiarios, y principalmente de los subsidios. Para legitimar los subsidios se los establece ante cada variación del 6% de los costos, cualquiera sea su motivo. Pero los subsidios prácticamente no son destinados a inversión.

Por otra parte Metrovías no tiene inversión propia.

El aumento de tarifas va destinado a suplantar parte de los subsidios con el fin de que la ganancia sea pagada con el pasaje. El sistema de concesión y subsidios de conjunto es perverso. No permite una tarifa social en relación a los ingresos de la población, ni dejar de destinar dinero del Estado a la voracidad de la empresa.



Queda claro luego de observar estos numeros, que no hay justificacion para el aumento de tarifas firmado de apuro por el Jefe de Gobierno, Mauricio Macri
El subterraneo es un servicio publico, por lo tanto sus ganancias y sus planes de inversion deben ser politicas de estado y no simples remesas de dinero de los ciudadanos hacia una empresa concesionaria. Las tarifas deben tener un sentido social y el dinero ingresado en concepto de subsidios debe ser orientado a las mejoras que quienes viajan cotidianamente exigen, escaleras mecanicas, ascensores, baños en perfectas condiciones, refrigeracion, abonos con tarifas diferenciadas, etc etc



sábado 13 de agosto de 2011

El duelo o la refutación del horóscopo

El duelo o la refutación del horóscopo - Alejandro Dolina


Los dos hombres nacen el mismo día, a la misma hora. Sus vidas no se cruzan
hasta que son enamorados por la misma mujer. Entonces se encuentran y pelean por
ella. Uno de ellos obtiene la victoria y el amor. Al otro le corresponde el
dolor, la humillación y quizá la muerte. Los astrólogos han previsto ese día el
mismo horóscopo para los dos. Tal vez son erróneos los vaticinios.

O tal vez se equivoca uno al pensar que el amor y la muerte son destinos
distintos.


Alejandro Ricardo Dolina (Baigorrita, partido de General Viamonte, provincia de Buenos Aires, 20 de mayo de 19441 ) es un escritor, músico, conductor de radio y de televisión y actor argentino. Realizó estudios de Derecho, Música, Letras e Historia.

La caricatura pertenece a: http://joanmanumac.deviantart.com/

viernes 13 de mayo de 2011

Las relaciones peligrosas

Una cierva se enamoró de un tigre. Temía acercarse a su amado, eficaz cazador.

Cierta tarde, decidida a morir devorada antes que de amor, oculta tras unas ramas, dijo a su amado enemigo:

-Oh, tigre, te amo. Dame una oportunidad. Mírame y permíteme escapar si no te agrado.

-Bueno -aceptó el tigre, que ya había comido.

Atravesó las ramas tras las que se ocultaba la cierva, y permaneció mirándola durante un largo rato.

Luego, la cierva propuso casamiento y el tigre aceptó.

En la fiesta del enlace, cuando los ciervos hubieron bailado y bebido (los tigres no fueron, pues desaprobaban la boda), el tigre se lanzó sobre los amigos y familiares de su reciente esposa, y comenzó a devorarlos uno por uno, sin dificultades.

-¿Qué haces? -gritó desesperada la cierva, cuando ya quedaban pocos de los suyos.

-Si te enamoras de tu enemigo -dijo el tigre—, ten al menos la fidelidad de abandonar a tus amigos.

Marcelo Birmajer

Texto incluido en "Cuentos para seguir creciendo"
www.me.gov.ar/lees - campnacionaldelectura@me.gov.ar

viernes 25 de marzo de 2011

Los dos reyes y los dos laberintos

Los dos reyes y los dos laberintos
(El Aleph - 1949 - Jorge Luis Borges)

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres.

Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta.
Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto.

Cabalgaron tres días, y le dijo:Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed.

La gloria sea con aquel que no muere.

martes 4 de enero de 2011

Axolotl - Julio Cortázar

de Julio Cortázar / Final del Juego

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.

El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.

En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa mas) como el de hígado de bacalao.

No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua. Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (solo yo puedo saber cuan angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Había nueve ejemplares y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una situada a la derecha y algo separada de las otras para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte mas sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y los inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, solo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrescencia vegetal, las branquias supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino, apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades peleas fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.

Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaz de evadirse de ese sopor mineral en el que pasaban horas enteras. Sus ojos sobre todo me obsesionaban. Al lado de ellos en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras no se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz, seguían mirándome desde una profundidad insondable que me daba vértigo.

Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido que no me apoyaba en analogías fáciles. Solo las manecitas... Pero una lagartija tiene también manos así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojitos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.

Parecía fácil casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles, de pronto las ramillas rosadas de las branquias de enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?

Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía mas que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.

Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi me cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.

Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. El estaba fuera del acuario su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mi que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.

El volvió muchas veces pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo ví, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía mas que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre el y yo porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, solo en cierto modo-, y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es solo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo, en los primeros días cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.

lunes 13 de diciembre de 2010

Sr. Jefe de Gobierno, me puede decir...

Señor Jefe de Gobierno, Ing. Mauricio Macri:

Ya se que es Ud. incapaz de solucionar el tema de las inundaciones en la ciudad que gobierna. Lo mas sofisticado que se le ocurrio fue mandar soguitas a Juan B. Justo para que crucen los vecinos y de esto culpa al Gobierno Nacional.

Ya se que es Ud. incapaz de construir los 10km de subtes por año que prometio durante su campaña electoral. Solo inauguro tramos construidos por anteriores gobernantes. Y de esto culpa al Gobierno Nacional.

Ya se que es Ud. Incapaz de controlar las construcciones de nuevas viviendas en la ciudad que Ud. gobierna y tampoco es capaz de controlar las modificaciones en locales nocturnos, aunque esto haya causado la perdida de vidas humanas. Por lo menos en esto no lo escuche culpar al Gobierno nacional.



Ya se que es Ud. incapaz de solucionar la toma de terrenos por medios pacificos y lo mas inteligente que se le ocurre es mandar a barrabravas empleados suyos armados a disparar, aunque esto tambien haya causado la perdida de vidas humanas. Y de esto tambien culpa al Gobierno Nacional.


Lo que no se y quisiera que Ud. como Responsable de la Ciudad Autonoma de Buenos Aires me responda es: porque no utilizo el dinero que corresponde a Planes de Vivienda aprobado en el Presupuesto de la Ciudad, donde esta ese dinero que pertenece a todos los contribuyentes y que fin pensaba darle?



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domingo 5 de diciembre de 2010

El asado

Fragmento de "El río sin orillas" de Juan José Saer

Es que la carne de vaca asada a las brasas, el "asado", es no únicamente el alimento de base de los argentinos, sino el núcleo de su mitología, e incluso de su mística. Un asado no es únicamente la carne que se come, sino también el lugar donde se la come, la ocasión, la ceremonia.
Además de ser un rito de evocación del pasado, es una promesa de reencuentro y de comunión.
Como reminiscencia del pasado patriarcal de la llanura, es un alimento cargado de connotaciones rurales y viriles, y en general son hombres los que lo preparan. Además de ciertas partes carnosas de la vaca, prácticamente todas las vísceras son aptas para la parrilla: intestinos, riñones, mollejas, corazón, ubres de la vaca y testículos del toro.
El asado se cocina a fuego lento y puede llevar horas, pero esa cocción demorada es menos una regla de oro gastronómica que un pretexto para prolongar los preliminares, es decir la conversación fogosa, las llegadas graduales de los invitados que, trayendo alguna botella de vino para colaborar, van cayendo a medida que sus ocupaciones se lo permiten, incorporándose a la charla animada, no sin pasar un momento por la parrilla para inspeccionar el fuego o cruzar un par de frases con el asador.
Es falta de respeto dar consejos o mostrar aprensión sobre la autoridad del que esta asando, aunque cada uno de los presentes tiene su propia teoría sobre cómo deben hacerse las cosas.
El asado reconcilia a los argentinos con sus orígenes y les da la ilusión de continuidad histórica y cultural. Todas las comunidades extranjeras lo han adoptado, y todas las ocaciones son buenas para prepararlo. Cuando vienen los amigos del extranjero, cuando alguien obtiene algún triunfo profesional, cuando hace buen tiempo. Cuando los albañiles estan haciendo una casa ponen el techo, atan una rama verde en el punto mas alto de la construccion y hacen un asado.
A pesar de su carácter rudimentario, casi salvaje, el asado es rito y promesa, y su esencia mística se pone en evidencia porque le da a los hombres que se reúnen para prepararlo y comerlo en conpañía, la ilusión de una coincidencia profunda con el lugar en el que viven. La crepitación de la leña, el olor de la carne que se asa en la templanza benévola de los patios, del campo, de las terrazas, no desencadenan por cierto ningún efluvio metafísico predestinado a esa tierra, pero si en cambio, repitiendo en un orden casi invariante una serie de sensaciones familiares, acuerdan esa impresión de permanencia y de continuidad sin la cual ninguna vida es posible.
Al anochecer, se encienden los primeros fuegos. Un olor a leña, y después de carne asada es lo que sobresale cuando empieza a oscurecer en el campo, en las orillas del río, en los pueblos y en las ciudades.
Repartido en muchos hogares, no siempre equitativos, el fuego único de Heráclito arde plácido o turbulento, iluminando y entibiando ese lugar, que, ni más ni menos prestigioso que cualquier otro, es, sin embargo, único también, a causa de unos azares llamados historia, geografía y civilización; el fuego arcaico y sin fin acompañado de voces humanas que resuenan a su alrededor y que van transformándose poco a poco en susurros hasta que por último, ya bien entrada la noche, inaudibles, se desvanecen.


Juan José Saer nació en Serodino (Provincia de Santa Fe) el 28 de junio de 1937. Fue profesor de la Universidad Nacional del Litoral, donde enseñó Historia del Cine y Crítica y Estética Cinematográfica. En 1991 publicó el ensayo El río sin orillas, con gran repercusión en la crítica, y en 1997, El concepto de ficción. Su producción poética está recogida en El arte de narrar (1977), paradójico título que expresa, quizás, el intento constante de Saer por –según sus propias palabras– "combinar poesía y narración". Ha sido traducido al francés, inglés, alemán, italiano y portugués.

domingo 28 de noviembre de 2010

Esa mujer - Rodolfo Walsh

Esa mujer


El coronel elogia mi puntualidad:
-Es puntual como los alemanes -dice.
-O como los ingleses.
El coronel tiene apellido alemán.
Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.
-He leído sus cosas-propone-. Lo felicito.
Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.
Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del río.
Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneameme, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido.
El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga.
Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme.
Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra.
El coronel sabe dónde está.
Se mueve con facilidad en el piso de muebles ampulosos, ornado de marfiles y de bronces, de platos de Meissen y Cantón. Sonrío ante el Jongkind falso, el Fígari dudoso. Pienso en la cara que pondría si le dijera quién fabrica los Jongkind, pero en cambio elogio su whisky.
Él bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente.
-Esos papeles -dice.
Lo miro.
-Esa mujer, coronel.
Sonríe.
-Todo se encadena -filosofa.
A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo, habla de la bomba.
-La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he hecho por ellos, esos
roñosos.
-¿Mucho daño? -pregunto. Me importa un carajo.
-Bastante. Mi hija. La he puesto en manos de un psiquiatra. Tiene doce años -dice.
El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento.
Entra su mujer, con dos pocillos de café.
Contale vos, Negra.
Ella se va sin contestar; una mujer alta, orgullosa, con un rictus de neurosis. Su desdén queda flotando como una nubecita.
-La pobre quedó muy afectada -explica el coronel-. Pero a usted no le importa esto.
-¡Cómo no me va a importar!... Oí decir que al capitán N y al mayor X también les ocurrió alguna desgracia después de aquello.
El coronel se ríe.
-La fantasía popular -dice-. Vea cómo trabaja. Pero en el fondo no inventan nada. No hacen más que repetir.
Enciende un Marlboro, deja el paquete a mi alcance sobre la mesa.
-Cuénteme cualquier chiste -dice.
Pienso. No se me ocurre.
-Cuénteme cualquier chiste político, el que quiera, y yo le demostraré que estaba inventado hace veinte años, cincuenta años, un siglo. Que se usó tras la derrota de Sedán, o a propósito de Hindenburg, de Dollfuss, de Badoglio.
-¿Y esto?
-La tumba de Tutankamón -dice el coronel-. Lord Carnavon. Basura.
El coronel se seca la transpiración con la mano gorda y velluda.
-Pero el mayor X tuvo un accidente, mató a su mujer.
-¿Qué más? -dice, haciendo tintinear el hielo en el vaso.
-Le pegó un tiro una madrugada.
-La confundió con un ladrón -sonríe el coronel . Esas cosas ocurren.
-Pero el capitán N. . .
-Tuvo un choque de automóvil, que lo tiene cualquiera, y más él, que no ve un caballo ensillado cuando se pone en pedo.
-¿Y usted, coronel?
-Lo mío es distinto -dice-. Me la tienen jurada.
Se para, da una vuelta alrededor de la mesa.
-Creen que yo tengo la culpa. Esos roñosos no saben lo que yo hice por ellos. Pero algún día se
va a escribir la historia. A lo mejor la va a escribir usted.
-Me gustaría.
-Y yo voy a quedar limpio, yo voy a quedar bien. No es que me importe quedar bien con esos roñosos, pero sí ante la historia, ¿comprende?
-Ojalá dependa de mí, coronel.
-Anduvieron rondando. Una noche, uno se animó. Dejó la bomba en el palier y salió corriendo.
Mete la mano en una vitrina, saca una figurita de porcelana policromada, una pastora con un cesto de flores.
-Mire.
A la pastora le falta un bracito.
-Derby -dice. Doscientos años.
La pastora se pierde entre sus dedos repentinamente tiernos. El coronel tiene una mueca de fierro
en la cara nocturna, dolorida.
-¿Por qué creen que usted tiene la culpa?
-Porque yo la saqué de donde estaba, eso es cierto, y la llevé donde está ahora, eso también es cierto. Pero ellos no saben lo que querían hacer, esos roñosos no saben nada, y no saben que fui yo quien lo impidió.
El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método.
-Porque yo he estudiado historia. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. Yo he leido a Hegel.
-¿Qué querían hacer?
-Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.
-Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir.
Habría que romper todo.
-Y orinarle encima.
-Pero sin remordimientos, coronel. Enarbolando alegremente la bomba y la picana. ¡Salud! -digo levantando el vaso.
No contesta. Estamos sentados junto al ventanal. Las luces del puerto brillan azul mercurio. De a ratos se oyen las bocinas de los automóviles, arrastrándose lejanas como las voces de un sueño.
El coronel es apenas la mancha gris de su cara sobre la mancha blanca de su camisa.
-Esa mujer -le oigo murmurar-. Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había vuelto transparente. Se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada.
El coronel bebe. Es duro.
-Desnuda -dice-. Eramos cuatro o cinco y no queríamos mirarnos. Estaba ese capitan de navío, y
el gallego que la embalsamó, y no me acuerdo quién más. Y cuando la sacamos del ataud -el
coronel se pasa la mano por la frente-, cuando la sacamos, ese gallego asqueroso...
Oscurece por grados, como en un teatro. La cara del coronel es casi invisible. Sólo el whisky
brilla en su vaso, como un fuego que se apaga despacio. Por la puerta abierta del departamento llegan remotos ruidos. La puerta del ascensor se ha cerrado en la planta baja, se ha abierto más cerca. El enorme edificio cuchichea, respira, gorgotea con sus cañerías, sus incineradores, sus cocinas, sus chicos, sus televisores, sus sirvientas. Y ahora el coronel se ha parado, empuña una metralleta que no le vi sacar de ninguna parte, y en puntas de pie camina hacia el palier, enciende la luz de golpe, mira el ascético, geométrico, irónico vacío del palier, del ascensor, de la escalera, donde no hay absolutamente nadie y regresa despacio, arrastrando la metralleta.
-Me pareció oír. Esos roñosos no me van a agarrar descuidado, como la vez pasada.
Se sienta, más cerca del ventanal ahora. La metralleta ha desaparecido y el coronel divaga nuevamente sobre aquella gran escena de su vida.
-...se le tiró encima, ese gallego asqueroso. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, le manoseaba los pezones. Le di una trompada, mire -el coronel se mira los nudillos-, que lo tiré contra la pared. Está todo podrido, no respetan ni a la muerte. ¿Le molesta la oscuridad?
-No.
-Mejor. Desde aquí puedo ver la calle. Y pensar. Pienso siempre. En la oscuridad se piensa mejor.
Vuelve a servirse un whisky.
-Pero esa mujer estaba desnuda -dice, argumenta contra un invisible contradictor-. Tuve que taparle el monte de Venus, le puse una mortaja y el cinturón franciscano.
Bruscamente se ríe.
-Tuve que pagar la mortaja de mi holsillo. Mil cuatrocientos pesos. Eso le demuestra, ¿eh? Eso le demuestra.
Repite varias veces "Eso le demuestra", como un juguete mecánico, sin decir qué es lo que eso
me demuestra.
-Tuve que buscar ayuda para cambiarla de ataúd. Llamé a unos obreros que había por ahí.
Figúrese como se quedaron. Para ellos era una diosa, qué sé yo las cosas que les meten en la cabeza, pobre gente.
-¿Pobre gente?
-Sí, pobre gente.-El coronel lucha contra una escurridiza cólera interior-. Yo también soy argentino.
-Yo también, coronel, yo también. Somos todos argentinos.
-Ah, bueno -dice.
-¿La vieron así?
-Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta. Con toda la muerte
al aire, ¿sabe? Con todo, con todo...
La voz del coronel se pierde en una perspectiva surrealista, esa frasecita cada vez más rémova
encuadrada en sus líneas de fuga, y el descenso de la voz manteniendo una divina proporción o qué. Yo también me sirvo un whisky.
-Para mí no es nada -dice el coronel-. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas. Muchas en mi vida. Y hombres muertos. Muchos en Polonia, el 39. Yo era agregado militar, dése cuenta.
Quiero darme cuenta, sumo mujeres desnudas más hombres muertos, pero el resultado no me da, no me da, no me da... Con un solo movimiento muscular me pongo sobrio, como un perro que se sacude el agua.
-A mí no me podía sorprender. Pero ellos...
-¿Se impresionaron?
-Uno se desmayó. Lo desperté a bofetadas. Le dije: "Maricón, ¿esto es lo que hacés cuando tenés que enterrar a tu reina? Acordate de San Pedro, que se durmió cuando lo mataban a Cristo." Después me agradeció.
Miró la calle. "Coca" dice el letrero, plata sobre rojo. "Cola" dice el letrero, plata sobre rojo. La pupila inmensa crece, círculo rojo tras concéntrico círculo rojo, invadiendo la noche, la ciudad, el mundo. "Beba".
-Beba -dice el coronel.
Bebo.
-¿Me escucha?
-Lo escucho.
Le cortamos un dedo.
-¿Era necesario?
El coronel es de plata, ahora. Se mira la punta del índice, la demarca con la uña del pulgar y la alza.
-Tantito así. Para identificarla.
-¿No sabían quién era?
Se ríe. La mano se vuelve roja. "Beba".
-Sabíamos, sí. Las cosas tienen que ser legales. Era un acto histórico, ¿comprende?
-Comprendo.
-La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Hay que hidratarlo. Más tarde se lo pegamos.
-¿Y?
-Era ella. Esa mujer era ella.
-¿Muy cambiada?
-No, no, usted no me entiende. lgualita. Parecía que iba a hablar, que iba a... Lo del dedo es para que todo fuera legal. El profesor R. controló todo, hasta le sacó radiografías.
-¿El profesor R.?
-Sí. Eso no lo podía hacer cualquiera. Hacía falta alguien con autoridad científica, moral.
En algún lugar de la casa suena, remota, entrecortada, una campanilla. No veo entrar a la mujer del coronel, pero de pronto esta ahí, su voz amarga, inconquistable.
-¿Enciendo?
-No.
-Teléfono.
-Deciles que no estoy.
Desaparece.
-Es para putearme -explica el coronel-. Me llaman a cualquier hora. A las tres de la madrugada, a las cinco.
-Ganas de joder -digo alegremente.
-Cambié tres veces eI número del teléfono. Pero siempre lo averiguan.
-¿Qué le dicen?
-Que a mi hija le agarre la polio. Que me van a cortar los huevos. Basura.
Oigo el hielo en el vaso, como un cencerro lejano.
-Hice una ceremonia, los arengué. Yo respeto las ideas, les dije. Esa mujer hizo mucho por ustedes. Yo la voy a enterrar como cristiana. Pero tienen que ayudarme.
El coronel está de pie y bebe con coraje, con exasperación, con grandes y altas ideas que refluyen sobre él como grandes y altas olas contra un peñasco y lo dejan intocado y seco, recortado y negro, rojo y plata.
-La sacamos en un furgón, la tuve en Viamonte, después en 25 de Mayo, siempre cuidándola, protegiéndola, escondiéndola. Me la querían quitar, hacer algo con ella. La tapé con una lona, estaba en mi despacho, sobre un armario, muy alto. Cuando me preguntaban qué era, les decía que era el transmisor de Córdoba, la Voz de la Libertad.
Ya no sé dónde está el coronel. El reflejo plateado lo busca, la pupila roja. Tal vez ha salido. Tal vez ambula entre los muebles. El edificio huele vagamente a sopa en la cocina, colonia en el baño, pañales en la cunal, remedios, cigarrillos, vida, muerte.
-Llueve -dice su voz extraña.
Miro el cielo: el perro Sirio, el cazador Orión.
-Llueve día por medio -dice el coronel-. Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre, las rosas, el pino, el cinturón franciscano.
Dónde, pienso, dónde.
-¡Está parada! -grita el coronel-. ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un macho!
Entonces lo veo, en la otra punta de la mesa. Y por un momento, cuando el resplandor cárdeno lo baña, creo que llora, que gruesas lágrimas le resbalan por la cara.
-No me haga caso -dice, se sienta-. Estoy borracho.
Y largamente llueve en su memoria.
Me paro, le toco el hombro.
-¿Eh? -dice- ¿Eh? -dice.
Y me mira con desconfianza, como un ebrio que se despierta en un tren desconocido.
-¿La sacaron del país?
-Sí.
-¿La sacó usted?
-Sí.
-¿Cuántas personas saben?
-DOS.
-¿El Viejo sabe?
Se ríe.
-Cree que sabe.
-¿Dónde?
No contesta.
-Hay que escribirlo, publicarlo.
-Sí. Algún día.
Parece cansado, remoto.
-¡Ahora! -me exaspero-. ¿No le preocupa la historia? ¡Yo escribo la historia, y usted queda bien,
bien para siempre, coronel!
La lengua se le pega al paladar, a los dientes.
-Cuando llegue el momento... usted será el primero...
-No, ya mismo. Piense. Paris Match. Life. Cinco mil dólares. Diez mil. Lo que quiera.
Se ríe.
-¿Dónde, coronel, dónde?
Se para despacio, no me conoce. Tal vez va a preguntarme quién soy, qué hago ahí.
Y mientras salgo derrotado, pensando que tendré que volver, o que no volveré nunca. Mientras mi dedo índice inicia ya ese infatigable itinerario por los mapas, uniendo isoyetas, probabilidades, complicidades. Mientras sé que ya no me interesa, y que justamente no moveré un dedo, ni siquiera en un mapa, la voz del coronel me alcanza como una revelación.
-Es mía -dice simplemente-. Esa mujer es mía.


"Esa mujer" fue publicado en "Los oficios terrestres", Ediciones De la Flor, 1986. © Herederos de Rodolfo Walsh. La imagen es "Eva Peron" pintada por Ricardo Carpani

domingo 14 de noviembre de 2010

OBITUARIO CON HURRAS

de Mario Benedetti

Poema escrito por Mario Benedetti en 1963 dedicado desde entonces y hasta la fecha, a muchos muertos canallas...

"Los canallas viven mucho, pero a veces se mueren", dice Benedetti.

Dedicado al genocida Emilio Massera...



OBITUARIO CON HURRAS

"Los canallas viven mucho, pero a veces se mueren".

Vamos a festejarlo

Vengan todos

Los inocentes

los damnificados

los que gritan de noche

los que sueñan de día

los que sufren el cuerpo

los que alojan fantasmas

los que pisan descalzos

los que blasfeman y arden

los pobres congelados

los que quieren a alguien

los que nunca se olvidan



Vamos a festejarlo

Vengan todos

el canalla se ha muerto

se acabó el alma negra

El ladrón

El cochino

se acabó para siempre

hurra que vengan todos

Vamos a festejarlo

a no decir

La muerte

Siempre lo borra todo

Todo lo purifica

Cualquier día

La muerte no borra nada

Quedan Siempre las cicatrices

Hurra

murió el cretino

Vamos a festejarlo

a no llorar de vicio

que lloren sus iguales

y se traguen sus lágrimas

se acabó el monstruo prócer

se acabó para siempre

Vamos a festejarlo

a no ponernos tibios

a no creer que éste es un muerto cualquiera



Vamos a festejarlo

a no volvernos flojos

a no olvidar que éste

es un muerto de mierda

viernes 29 de octubre de 2010

Se nos fue uno mas.




Un Nacional y Popular.

No tan Nacional como me hubiera gustado, pero tan Popular como lo dejaron.
Asumio con el porcentaje de votos mas bajo de la historia, apenas un 22% y se fue dejando mas de un 45%.
Subio con un pais sumido en la peor misera y se fue con un pais en pleno crecimiento.
Subio cuando la gente gritaba hasta quedarse afonica "que se vayan todos!" y lo primero que hizo cuando asumio fue ir a abrazarse a la Plaza con todos.
Subio cuando eramos el furgon de cola del Norte Imperialista y se fue dejandonos a la cabeza de America Latina.
Cancelo la deuda con el FMI y nunca mas vinieron de afuera a decirnos como y en que debiamos gastar nuestro dinero.
Sufrio el "anti" como deporte, pero no le falto coraje para limpiar de lacras la Corte Suprema, enjuiciar a los Genocidas y darle a las Madres y Abuelas el lugar que se merecen.

Pero no olvido que tambien sostuvo a Moyano, que las cuentas bancarias no resultan claras y que las condiciones laborales podrian haber mejorado mucho.
En fin, un hombre que desoyo los consejos medicos porque su amor por la militancia y su necesidad de transformar la Argentina no le daban tiempo.

Chau, Nestor y gracias!.
Te vamos a extrañar.

El blog criollo

Muchas mentes abiertas deberian estar cerradas por reparaciones....